La sombra huye y vuelve -espasmódicamente- el cirio está más indómito que nunca.
El farenheit se alinea en mis huesos y prefiero estar solo recordando los tiempos pasados.
Maquinizo mis nervios y lubrico las articulaciones como maquinaria orgánica.
Más me atrevo a decir que el inválido de al lado lame mis piernas.
La enfermera narra blasfemias incoherentes.
Me automedico morfina y fluoxetina.
Acto seguido me asesino
Interminablemente.