con su café en la mano y los ojos de misterio.
Dejó en el camino las migas de pan, y las semillas
formaban los abetos acorde al espacio.
Pues ya no hay palomas
ni gatos huraños,
por lo tanto no hay panaderos,
ni plaga ni lana,
ni brujos,
ni palabras sobre la banca.
Aquí caían tres, decía,
mientras el pequeño agujero crecía
como siempre,
como todos los días.